A qué temperatura poner el aire acondicionado en tu apartamento turístico
Equipo TodoanfitrionesSi alquilas un apartamento turístico, una casa rural o parcelas con bungalow en un camping, ya sabes cuál es la partida que más se te dispara en verano: la luz. Y dentro de la luz, el aire acondicionado. La mayoría de anfitriones lo vive con resignación, como si fuera un peaje inevitable de julio y agosto. No lo es. Buena parte de esa factura no se va en refrigerar la casa: se va en enfriarla de más, con las ventanas abiertas y el termostato a 18 grados porque «así enfría antes». Vamos a ver a qué temperatura conviene de verdad poner el aire, cuánto cuesta cada grado de más y cómo dejar de depender de la buena voluntad del huésped.
La regla de los grados: por qué 26 °C no es tacañería
El dato que deberías tener grabado es este: cada grado que bajas el termostato dispara el consumo del equipo entre un 7 % y un 8 %. No es una cifra inventada; es la que manejan el IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía) y prácticamente todos los fabricantes. Enfriar una estancia a 22 °C en lugar de a 26 °C no cuesta «un poco más»: cuesta alrededor de un 30 % más, todo el rato que el aire esté encendido.
La recomendación oficial del IDAE para verano es mantener la vivienda entre 24 y 26 °C. De hecho, el Real Decreto de ahorro energético de 2022 fijó los 27 °C como límite de refrigeración en locales comerciales, oficinas y espacios públicos. Tu vivienda turística no está obligada a ese tope, pero la lógica es la misma: por debajo de 24 °C no ganas confort, solo gastas.
Con 26 °C dentro y 34 °C fuera, el huésped entra del sol a un ambiente fresco y agradable. La sensación de «frescor» depende del salto de temperatura respecto a la calle, no de que marque 19 °C. Y a 19 °C, además, medio grupo acaba con la garganta seca y el otro medio buscando una manta.
Cuánto te cuesta de verdad el aire a 18 grados
Pongamos números redondos para que se entienda. Un split de 3.000 frigorías (unos 3,5 kW) funcionando a pleno rendimiento consume del orden de 1 kWh cada hora. Con la electricidad a unos 0,20 €/kWh:
- A 26 °C, el compresor arranca y para; trabaja quizá el 50 % del tiempo. Ocho horas de uso → unos 4 kWh → 0,80 € al día.
- A 22 °C, el compresor casi no descansa. Esas mismas ocho horas se van a 6-7 kWh → 1,30-1,40 € al día.
- A 18 °C y con una ventana entreabierta, el equipo no llega nunca a la consigna y funciona sin parar. Puedes irte a 9-10 kWh → cerca de 2 € al día… por una sola habitación.
Multiplica esos dos euros por dos o tres equipos, por 30 noches de agosto y por cada temporada. La diferencia entre un huésped responsable y uno que pone el aire «a tope» son varios cientos de euros al año que salen directamente de tu margen.
La temperatura ideal según la situación
En verano (refrigeración)
Consigna de 25-26 °C y modo automático de ventilador. No hace falta bajar más para dormir bien: si acaso, la clave es que el aire no dé directamente sobre la cama. Un buen juego de sábanas transpirable de algodón ayuda más al descanso que un grado menos en el termostato; por eso muchos anfitriones equipan las camas con ropa de cama de percal 233 hilos, que no da calor como los tejidos sintéticos.
En invierno (bomba de calor)
Si el mismo equipo hace calor en casas rurales de interior, la referencia del IDAE es 21 °C de día y 17 °C por la noche. Cada grado por encima de 21 encarece la calefacción igual que en verano lo hace enfriar de más. La tentación aquí es la contraria: huéspedes que ponen 25 °C y abren la ventana porque «hace bochorno».
Con terraza, piscina o puertas abiertas
Este es el clásico de los alojamientos con encanto: puerta corredera al jardín abierta y el aire en marcha. Es tirar dinero literalmente por la ventana. Un cartelito amable en la entrada («Para que el aire funcione, cierra puertas y ventanas, por favor») reduce el problema, pero no lo elimina. El único control fiable es sobre el propio equipo.
El problema no es la temperatura: es que no la controlas tú
Aquí está el nudo del asunto. Tú puedes dejar el aire configurado a 26 °C impecables el día del check-in. Pero en cuanto entra el grupo, el mando cambia de manos. Y el mando del huésped medio va directo a 18 °C, modo turbo, toda la noche. No es mala fe: en su casa paga él la luz; aquí, no.
Puedes intentar la vía de la educación (instrucciones en el manual de bienvenida, recordatorios en el mensaje de llegada) y ayuda, pero no basta. Muchos anfitriones esconden el mando original, y entonces reciben mensajes a medianoche pidiéndolo. Otros prueban con avisos en la reseña. Al final, el que controla el mando controla la factura.
Cómo fijar un límite sin discutir con nadie
La solución que están adoptando cada vez más anfitriones es sencilla: sustituir el mando original por un mando universal con limitador de temperatura. Funciona con casi cualquier split (Daikin, Mitsubishi, Fujitsu, LG, Samsung, Panasonic y compatibles) y te deja fijar un rango. El huésped sigue teniendo control —puede subir, bajar, cambiar de modo— pero solo dentro de los márgenes que tú decides. Si pones el mínimo en 24 °C, no hay forma de llegar a 18.
Las ventajas prácticas para la gestión del día a día:
- Cero conflictos. El huésped no siente que le racionas nada porque el aire sigue enfriando; simplemente no puede bajarlo a niveles absurdos.
- Ahorro medible desde el primer mes. Recuperas el coste del mando (unos 20 €) con la factura de una sola quincena de agosto.
- Sin obras ni electricista. Se configura una vez y sustituye al mando de siempre. Guardas el original en un cajón por si acaso.
- Protege el equipo. Menos horas al límite significa menos desgaste del compresor y menos averías en plena temporada alta.
Si gestionas varios alojamientos, tiene sentido estandarizarlo en todos; puedes ver las opciones en la colección de control de temperatura para apartamentos turísticos.
Checklist rápido para bajar la factura del aire
- Fija la consigna de referencia en 26 °C en verano y 21 °C en invierno.
- Limpia los filtros del split cada pocas semanas en temporada: un filtro sucio puede subir el consumo un 10-15 %.
- Instala un limitador de temperatura para que nadie pueda bajar de 24 °C.
- Pon toldos, estores o cortinas en las ventanas con sol de tarde: enfriar una casa recalentada cuesta mucho más.
- Deja un aviso visible pidiendo cerrar puertas y ventanas con el aire encendido.
- Revisa que el modo esté en «frío» o «auto», nunca en «turbo» permanente.
El aire acondicionado no tiene por qué ser el agujero negro de tu cuenta de resultados. La temperatura correcta existe, está en torno a los 26 grados, y la diferencia entre saberla y aplicarla es, casi siempre, quién tiene el mando en la mano. Recupera ese control y la factura de agosto deja de darte miedo.